Las sociedades humanas desde sus inicios se han conformado y organizado en base a acuerdos. Ellos son los que permiten tener una convivencia en orden y armonía. Hay autores que han planteado la existencia de un contrato social inicial, donde es el grupo humano, la sociedad, la que se pone de acuerdo por voluntad propia, cediendo parte de sus derechos y adquiriendo obligaciones en pos de un orden y coexistencia que les asegure bienestar y desarrollo como grupo.

Esto podemos, obviamente, llevarlo al sistema democrático, donde los acuerdos son fundamentales para lograr el desarrollo de los países y el bienestar de sus habitantes. Por ello, la falta de capacidad de lograr acuerdos en un sistema democrático puede ser nefasta para una nación y pareciera que demuestra problemas de fondo del entramado social que la compone.

En efecto, la incapacidad de llegar a acuerdos puede ser parte de una visión totalitaria de las cosas, la cual no valorizar ni legitima a la contraparte, que piensa que la vida social y política está constituida sólo por derechos y no obligaciones y que entiende que no existe nada que ceder. Por tanto, las ideas o las posiciones de uno pasan a ser más importantes que el bienestar de la sociedad.

Pero la vida no es así. Siempre se debe entender y aceptar que no solemos conseguir todo lo que nos proponemos. Las circunstancias, muchas veces, nos obligan a darnos por satisfechos con menos de lo que pretendíamos inicialmente. Esto no debe sentirse como una derrota, sino más bien como una virtud, ya que significa que fuimos capaces de poner los intereses colectivos por sobre los ideales a los que se aspiraba y que se pueden considerar como correctos.

Esta mirada sobre los acuerdos, obviamente, podemos trasladarla a cualquier tipo de organización. En las empresas, por ejemplo, la existencia de acuerdos es sumamente valiosa. Son los que permiten lograr el compromiso de los integrantes en pos de los objetivos planteados. Los acuerdos involucran a las personas, las hacen parte del quehacer, les permite comprender que son un elemento valioso de un sistema que no funciona debidamente sin su aporte.

La existencia de acuerdos en una organización empresarial son sinónimo de confianza, de respeto, de considerar como legítimo a cada uno de sus integrantes. Y también traen aparejados la responsabilidad.

La existencia de acuerdos en una empresa significa que todos entienden que existen derechos y también obligaciones y que cada cual debe esforzarse para conseguir el bienestar que favorecerá a todos.

La falta de acuerdo, en cambio, sólo trae insensatez. Es resultado de la incapacidad de escuchar, donde la tolerancia no tiene espacio y nos muestra la ineptitud de comprender debidamente la realidad.

En definitiva, la falta de acuerdos nos hace menos humanos, nos hace insensibles, nos impide ver al otro como legítimo otro y transforma a los grupos humanos en un espacio donde reina el caos; como una selva, donde sólo el más fuerte saldrá victorioso… y casi siempre a costa de la vida del otro.

Alex Acosta M.

Presidente Ejecutivo Schwager Service S.A.