Hoy quisiera reflexionar sobre el emprender. Emprender por definición es el iniciar una actividad determinada, en especial cuando exige esfuerzo o trabajo o cuando tiene cierta importancia o envergadura. Concepto que muchas veces se asocia en exclusiva al ámbito económico, a la habilidad para crear nuevos espacios para la producción de bienes y servicios.

Sin embargo, es posible extender este concepto a todas y cada una de las esferas de la vida.

Emprender significa soñar, idear, explorar, arriesgarse, iniciar, liberar la creatividad y saber aprovechar las oportunidades; poseer un espíritu libre y creador, capaz de errar y cometer equivocaciones, pero también de amar y rectificar. La unión de estas cualidades nos lleva a ser personas emprendedoras, capaces de aportar a la sociedad de manera inestimable, porque somos capaces de proyectar y forjar un futuro alentador para todos.

Y más aún, emprender encarna una profunda valoración de las personas, no solo por la creación de nuevas fuentes de trabajo o el generar oportunidades donde puedan desarrollar sus habilidades y aportar, ya sea en el ámbito laboral, profesional o personal.

En efecto, lo más importante de un negocio son las personas. Y esto es una profunda convicción, porque es de ellas de quien depende el éxito de cualquier iniciativa. Son nuestras personas quienes llevan de forma innata la capacidad interior de hacer cosas, de innovar, de aportar y construir relaciones virtuosas que construyen equipos de excelencia.

Esto requiere de un compromiso mayor, de entender que las labores que se realizan a diario no sólo responden a una obligación contractual. También tienen que ver con la posibilidad de crecer y desarrollarse de manera individual y como colectivo. Por eso requiere de un comportamiento ético permanente, donde todos tienen la confianza y la seguridad absoluta de que se está entregando lo mejor de uno y en caso de cometer un error, se enfrentará sin ocultarlo y tratando de aprender de ello.

Entonces, depende de cada cual, a través de la actitud y, sobre todo, de la conducta, el transformarse en un actor relevante en la seguridad, en la construcción de una organización y del éxito de un emprendimiento.

Es así como en nuestro trabajo, las labores que realizamos son el medio para lograr un fin. El fin de desarrollar y hacer presentes todas nuestras capacidades. Éste no sólo nos dignifica; sino que nos entrega una herramienta para ser valiosos para otros, para nuestras familias y para la sociedad.

Un hacer como forma de realización personal, donde cada uno de nosotros podrá aportar y construir una gestión de excelencia, pero por sobre todo segura. Emprender en una cultura de seguridad, a través de una conducta segura permanente; preservando esa oportunidad de desarrollo y de aportar a nuestra felicidad y la de nuestros compañeros de trabajo.

Alex Acosta Maluenda

Presidente ejecutivo